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(Oh Lord) Please don't let me be misunderstood.

5th February

Sin tiempo libre

(publicado en El Norte 4/2/12)

Acostumbrados a un buen nivel de vida y al alto consumo, millones de familias en Inglaterra y Estados Unidos hoy se enfrentan a una nueva realidad. El desempleo y la desigualdad se esparcieron como un cáncer tras la crisis financiera y hoy parecen imposibles de aniquilar.

El 8.3 por ciento tanto de la población en Inglaterra como de Estados Unidos no tiene empleo. A ellos no les queda otra alternativa más que adaptarse. Ante menos trabajo, menor gasto.

Y por ende, más tiempo libre.

Un grupo de prestigiosos economistas en ambos lados del Atlántico ha unido fuerzas y planteado una solución controversial al problema del desempleo y la desigualdad. La clave está en el potencial del tiempo libre.

El inglés Lord Robert Skidelsky, economista y biógrafo del influyente teórico John Maynard Keynes, y la estadounidense Juliet Schor, autora del libro “The Overworked American” (“El Estadounidense que Trabaja de Más”), presentaron ante la London School of Economics (LSE) una propuesta para acortar la semana laboral de 40 horas a 21.

Al darle más tiempo libre (y no remunerado) a quienes tienen un empleo de tiempo completo, se incrementan las horas de trabajo disponibles a aquellos en el sector informal o a quienes trabajan por honorarios.

Además, aporta al bienestar de la población, ya que ésta puede dedicar más tiempo al ejercicio físico, a cocinar en casa y a la convivencia familiar, entre otras actividades.

Su tesis se apoya en estudios que aseguran que la gente está dispuesta a renunciar a parte sus ingresos si se les ofrece a cambio más tiempo libre. Esto, aclaran, en una economía como la inglesa o la estadounidense.

Pero la pregunta de cuánto trabajo es suficiente es una que vale la pena que se hagan los mexicanos, me dijo Schor.

Y es que los mexicanos trabajamos más tiempo que cualquier otro país de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Al día, los mexicanos dedicamos 10 horas al trabajo remunerado, mientras el promedio es de ocho. Al trabajo no remunerado, como el cuidado de la casa, le dedicamos cuatro.

Además, según la organización, la brecha de ganancias entre los empleados aumentó en los últimos 25 años y está relacionada con una mayor diferencia entre las horas trabajadas por los peor y los mejor pagados: la cantidad de horas anuales de los trabajadores con menores ganancias disminuyó, mientras que las horas de los trabajadores con ganancias superiores aumentaron.

Los países que dedican más horas de trabajo remunerado al día son los países con mayor desigualdad, dijo Schor. Esto lo explica, en parte, una cultura laboral que no valora el tiempo libre y premia a quienes siempre están dispuestos a trabajar largos horarios sin exigir pago por tiempo extra.

Queda claro que, mientras en países desarrollados se discute cortar la jornada laboral para balancear la economía, en México trabajamos hasta el cansancio y conservamos los niveles de desigualdad más altos de América Latina (a la vez la región más desigual del mundo, según la ONU).

En el corazón de esta discusión está una pregunta que todas las sociedades se deben hacer ahora, cuando el futuro de la economía mundial es incierto, señaló Skidelsky: ¿para qué se trabaja?

El académico está próximo a lanzar un libro titulado “How Much is Enough? Economics and the Good Life” (“¿Qué Tanto es Demasiado? Economía y la Buena Vida”), aprovechando el momento en que muchos en países ricos se ven forzados a recortar sus gastos personales y la gente busca redefinir su concepto de “la buena vida”.

El dinero, dijo el autor, ha perdido su función como medio para alcanzar una buena vida y se ha convertido en el fin.

En México, los peor pagados trabajan para sobrevivir, sin poder aspirar a una buena vida. Los mejor pagados, en cambio, han ido gradualmente sacrificando el tiempo libre necesario para disfrutar y aprovechar las riquezas que acumulan.

Una vida para comprar cosas que no tenemos tiempo de disfrutar, pero que sin duda subrayan nuestra penosa desigualdad… me pregunto si ésta es “la buena vida” a la que aspiramos los mexicanos.

La autora es máster en Periodismo de Negocios y Finanzas por City University London.